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Apuntes de la pandemia.

Soy el peor ejemplo de cómo sobrellevar una pandemia de forma más o menos decorosa. Todo se ha convertido en un desastre y sé que parte del fracaso se debe a mi indisciplina, que cada vez es más notoria. Mis horarios son ahora un lío y, pese a que los días parecen eternos, no alcanza el tiempo para nada.       Al empezar el confinamiento, los que saben de esto decían que lo importante era mantener la rutina. Despertar temprano, ejercitarse, desayunar sano, bañarse, vestirse, trabajar desde casa y mantenerse activo. Bla, bla, bla. Creo que lo primero que hice fue fraguar una venganza contra el cabrón del despertador para dormir veinte minutos más. Pésima decisión. Casi sin darme cuenta, la hora de despertar se recorrió. Veinte minutos más; quince más; otros treinta. El problema es que, como ahora despierto entre 10 y 11 de la mañana, consumé mi vocación de noctámbulo. Hoy fue el colmo: me fui a a costar a las 5:30 de la mañana. De haber aguantado un poco más, hub...

Otra vez, las escuelas. La pandemia.

5. Tomando la distancia entre escritorios en Heppenheim, Alemania. pic.twitter.com/r2lhNCIaru — Alejandro Morduchowicz (@alejmordu) 22 de mayo de 2020 Al final, la vida nos vuelve a poner en frente la discusión de las escuelas. Vivimos la peor pandemia registrada en poco más de un siglo, y, cuando los confinamientos comiencen a levantarse, la vida nos habrá cambiado a todos. Se calcula que 4 mil 500 millones de personas en más de 180 países han tenido que permanecer en sus hogares y, cuando las restricciones se flexibilicen, habrá que entrar en esa cosa extraña que al gobierno federal mexicano le ha dado por llamar "nueva normalidad". Esto implica que, cuando volvamos a salir a la calle, nuestra relación con el espacio público y las personas tendrá que cambiar. Y sí, las aulas jugarán un rol importante; fueron las primeras en suspender actividades y serán las últimas en regresar.    Primero, los rebotes del pasado. Veka Duncan narró hace poco la historia del a...

Historias de la epidemia.

Llevo 50 días en confinamiento. Creo que ya enloquecí. La epidemia de COVID-19 nos ha fastidiado a todos, aunque es cierto que de formas distintas. En función de nuestros privilegios, dirán algunos, pero al final, a todos nos ha cambiado la vida. Acá algunas historias de la epidemia: 1) La epidemia no fue el inicio, sino el cambio brusco de un estado de decadencia a otro. Pues sí, qué les digo. No es como que la vida allá en el exterior fuera maravillosa, aunque es cierto que tenía algunas cosas por las que valía la pena. Hacía meses que todo parecía empolvado y tristísimo. Las cosas finalmente se quebraron en marzo de 2020. Ni siquiera quise hacer algo particularmente especial en mi cumpleaños aquel mes, y sólo en retrospectiva me doy cuenta de que lo debí haber hecho. El previo al desastre es una habitación de hotel un viernes en el que todo parece tornarse muy oscuro. Pese a todo, sobrevivimos.    2) No veremos los paisajes de Europa. Cada día veo con más clarida...

De lo necesario para hacer una maestría

Es martes 3 de diciembre. La próxima semana presentaré mi examen para obtener el grado de maestro en historia. Estoy más o menos convencido de que actuaron fuerzas oscuras para impedirlo y de que, si he llegado a este punto, es porque poseo una terquedad monumental. Acá un listado del periplo por el que tuve que pasar:  1. Cuando comencé a concebir el proyecto para entrar, me acababan de sacar una de las muelas del juicio, así que el planteamiento primigenio lo debí escribir completamente medicado.  2. En la misma semana que empecé, Estefanía comenzó a trabajar en el restaurante de un hotel del Centro Histórico. La rutina se nos volteó y fue muy difícil para los dos. Comencé a acostumbrarme a trabajar en un Starbucks por la sencilla razón de que era el único café que cerraba a las 11 de la noche, hora en la que ella salía.  3. Naturalmente, me hicieron cliente del mes en Starbucks y me dieron una tarjeta dorada que no sirve para mucho pero que es muy mona....

Postales de Oaxaca

En Oaxaca he tenido las mejores y las peores experiencias de mi vida. De las malas, aunque quiera, no me he podido olvidar. Como aquella vez en una práctica de campo en la que casi me regreso a la Ciudad de México después de una espantosa pelea con la que entonces era mi novia. O aquel viaje que nunca pude realizar a causa de un asalto afuera de mi casa en el ya lejano 2013.       Pero, visto en retrospectiva, también ha habido muchas y maravillosas historias relacionadas a Oaxaca. La del asalto me llevó, a la postre, a conocer a Estefanía apenas unas tres semanas después.       Habrá pasado ya unos quince años de la primera vez que pisé tierras oaxaqueñas. Eran unas vacaciones de verano familiares. Uno de mis primos nos invitó a pasar unos días en el pueblo de Macuilxóchitl, a unos veinticinco minutos de la capital, así que fui con mis padres y hermana. Recuerdo haber recorrido un par de calles de la ciudad y haber entrado por primera v...

Hallazgos bibliográficos.

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Ayer fue sábado de visita al Centro Histórico de la Ciudad de México. Me propuse a ir a la Feria Internacional del Libro en el Palacio de Minería. Usualmente no me gusta ir: mucha gente y no hay precios que realmente valgan la pena. Pero este día estaría Benito Taibo para hablar de su último libro, y soy su fan, así que decidí ir.       Como predije, hay un mar de gente. Tanta, que ni siquiera puedo entrar a la presentación. Derrotado, salgo, camino hasta 5 de Mayo y me detengo a tomar mi café mientras leo un libro que llevo en la mochila. Allí me entretengo hasta que cae la tarde. Entonces, salgo y camino hasta Allende; giro a la izquierda y decido seguir hasta Donceles, donde hay una librería de viejo.       Para consolarme por el éxito no obtenido horas antes, entro al local a ver qué hay de nuevo. Voy hasta la sección de historia que custodia un felino -nota mental: en mi próxima vida, quiero ser gato de librería de viejo-  y com...

Notas sobre la divulgación histórica. El desdén y la ignorancia.

-¿Tienes formación de historiador?- me preguntaron un día. -Soy historiador por deformación- repuse con un poco de humor. No me mal interpreten, no reniego de mi profesión; al contrario. Se trata más bien, de ser consciente de los males y vicios que aquejan a nuestro gremio. Soy historiador por deformación porque, aún con todo, soy parte de ese grupo de historiadores del que me quejo con insistencia. Tenemos muchos defectos; uno, a mi juicio, es de primera importancia: el desdén o ignorancia que tenemos para hacer divulgación del pasado. El desdén . Hay quien cree que hacer divulgación de la historia es un trabajo indigno. Hace poco me encontré un texto en Internet en el que ni siquiera se considera que un divulgador sea un profesional de la historia. Es decir, hay divulgadores y hay historiadores profesionales. O los divulgadores, en todo caso, son historiadores de segunda, que no tienen la capacidad de hacer investigación por ellos mismos y entonces difunden los r...