Otra vez, las escuelas. La pandemia.
5. Tomando la distancia entre escritorios en Heppenheim, Alemania. pic.twitter.com/r2lhNCIaru— Alejandro Morduchowicz (@alejmordu) 22 de mayo de 2020
Al final, la vida nos vuelve a poner en frente la discusión de las escuelas. Vivimos la peor pandemia registrada en poco más de un siglo, y, cuando los confinamientos comiencen a levantarse, la vida nos habrá cambiado a todos. Se calcula que 4 mil 500 millones de personas en más de 180 países han tenido que permanecer en sus hogares y, cuando las restricciones se flexibilicen, habrá que entrar en esa cosa extraña que al gobierno federal mexicano le ha dado por llamar "nueva normalidad". Esto implica que, cuando volvamos a salir a la calle, nuestra relación con el espacio público y las personas tendrá que cambiar. Y sí, las aulas jugarán un rol importante; fueron las primeras en suspender actividades y serán las últimas en regresar.
Primero, los rebotes del pasado. Veka Duncan narró hace poco la historia del artífice de la arquitectura moderna, Le Corbusier, y su confinamiento durante la pandemia de 1918 (aquí el enlace). Ella describe cómo la influenza delineó en buena medida la concepción del afamado arquitecto sobre los espacios y la circulación del aire en la vivienda y hospitales. En México, la corriente funcionalista echó hondas raíces y fue aplicada en las escuelas, de modo que, en cierta forma, la infraestructura educativa responde a las mismas preocupaciones. En los años cuarenta, se puso en marcha la primera política pública de construcción escolar, y un criterio importante que se estableció es que las aulas debían tener buena ventilación.
Pero, porque siempre hay un pero, la cosa requirió un grado de complejidad mayor. En México, los climas son variados, y diseños que en principio funcionaban para climas templados, no lo servían para sitios cálidos o con vientos fuertes. El ideal siempre fue encontrar un equilibrio entre aulas iluminadas y ventiladas pero en el que las corrientes cruzadas de aire no molestaran las actividades. Pasaron varios años hasta que llegamos a los diseños de aulas prefabricadas que podían usarse en todo el territorio nacional.
Y aquí estamos, a casi ochenta años de distancia. Se construyeron miles de aulas que, en mayor o menor medida, satisficieron las necesidades de demanda educativa. Todavía hay muchas localidades en las que no se cuenta con una escuela digna y el gran reto de la actualidad es el mantenimiento de los espacios, pero, con sus asegunes, la infraestructura existe. Sin embargo, parece que con la pandemia las reglas del juego han cambiado, y ello nos obligará a pensar en soluciones creativas para el eventual regreso a clases.
Poco a poco, comenzamos a recibir algunas fotografías de la "nueva normalidad" en los salones de clases de otros países. Las imágenes impactan por su crudeza, sobre todo si tomamos en cuenta que, en circunstancias de la normalidad "vieja", lo que veríamos es niños apeñuscados, que corren o se juntan sin preocuparse demasiado. En cambio, las escenas actuales nos hacen pensar que relegaremos el bienestar emocional de los estudiantes en pro del físico. Díganme ustedes si no:
Pero, porque siempre hay un pero, la cosa requirió un grado de complejidad mayor. En México, los climas son variados, y diseños que en principio funcionaban para climas templados, no lo servían para sitios cálidos o con vientos fuertes. El ideal siempre fue encontrar un equilibrio entre aulas iluminadas y ventiladas pero en el que las corrientes cruzadas de aire no molestaran las actividades. Pasaron varios años hasta que llegamos a los diseños de aulas prefabricadas que podían usarse en todo el territorio nacional.
Y aquí estamos, a casi ochenta años de distancia. Se construyeron miles de aulas que, en mayor o menor medida, satisficieron las necesidades de demanda educativa. Todavía hay muchas localidades en las que no se cuenta con una escuela digna y el gran reto de la actualidad es el mantenimiento de los espacios, pero, con sus asegunes, la infraestructura existe. Sin embargo, parece que con la pandemia las reglas del juego han cambiado, y ello nos obligará a pensar en soluciones creativas para el eventual regreso a clases.
Poco a poco, comenzamos a recibir algunas fotografías de la "nueva normalidad" en los salones de clases de otros países. Las imágenes impactan por su crudeza, sobre todo si tomamos en cuenta que, en circunstancias de la normalidad "vieja", lo que veríamos es niños apeñuscados, que corren o se juntan sin preocuparse demasiado. En cambio, las escenas actuales nos hacen pensar que relegaremos el bienestar emocional de los estudiantes en pro del físico. Díganme ustedes si no:
Estas imágenes sobre cómo la pandemia está cambiando la educación no nos podrán dejar indiferentes.— Alejandro Morduchowicz (@alejmordu) May 22, 2020
Va hilo con algunas de ellas.
1. Niños en la escuela en Edimburgo, Escocia. pic.twitter.com/cbwoM9uoFl
2. Alumnos en Yokohama, Japón. pic.twitter.com/LOgunJw4h6— Alejandro Morduchowicz (@alejmordu) May 22, 2020
7. Estudiantes en Taipei, Taiwan. pic.twitter.com/gNeABeED8p— Alejandro Morduchowicz (@alejmordu) May 22, 2020
En la nueva nomalidad, sea lo que eso signifique, tendremos que poner especial atención con los niños. Por lo que sabemos, las escuelas son un foco potencial de contagio: los niños tienden a mostrar menos síntomas y conviven con otros compañeros; al final, todos ellos vuelven a sus casas a tener contacto con sus familiares. Dicho esto, tenemos que preguntarnos si en México estamos preparados para un eventual regreso a clases.
Es fácil pensar que la infraestructura educativa en el país no sirve. No hay que despreciar la que tenemos, que, en muchos casos, es de primera en todos los niveles. Pienso, por ejemplo, en la Ciudad Universitaria de la UNAM. Las instalaciones son buenas, pero cualquiera que haya estudiado allí sabe que el problema real es el sobrecupo. Recuerdo salones de la Facultad de Filosofía y Letras, hechos para veinte estudiantes, albergar hasta sesenta. Todo hace pensar que tendremos que concebir ciertas modificaciones en la rutina escolar y en las edificaciones.
Mi querida colega, la Mtra. Bertha Hernández, ha propuesto que en educación básica regresemos al sistema de dos turnos para atender las escuelas con mayor población. Claro que ello presenta otro problema: ¿contamos con suficientes profesores y recursos para volver a atender el turno vespertino? ¿Cambiaríamos a los estudiantes de turno de forma voluntaria u obligatoria? ¿Con qué criterios?
Habrá que hacer modificaciones en los inmuebles educativos, casi sin duda. Algunas tendrán que ser menores y requerirán una intervención mínima, pero en algunos casos me temo que las escuelas no podrán afrontarlas por sí mismas sino que deberán tener un empuje centralizado. Para nuestra mala suerte, la pandemia nos ha sorprendido sin una entidad pública que se encargue de la construcción, mantenimiento y modificación de edifcaciones escolares. La hubo durante muchos años. El Comité Administrador del Programa Federal de Construcción de Escuelas, el CAPFCE, tuvo durante décadas la rectoría en la estos menesteres. Pero, en 2008, esta institución fue transformada en el Instituto Nacional de Infraestructura Física Educativa, y sus atribuciones fueron limitadas. El golpe final lo dio esta administración, que desapareció el INIFED y lo sustituyó por el programa La escuela es nuestra. Ello significa que nos deshicimos de los criterios técnicos para las aulas. En otros tiempos, el CAFPCE afrontó otras dificultades como sismos, huracanes y otros desastres naturales. Pero, ¿qué hacemos con la pandemia ahora?
El reto es hacer que la Secretaría de Salud y la Secretaría de Educación Pública se reúnan a hacer una guía general sobre las reglas que deberán seguirse en las escuelas de la nueva normalidad. Autoridad educativa, profesores, médicos y arquitectos tendrán que trabajar en conjunto para decidir las acciones a llevar a cabo en los próximos meses. No sólo no sabemos cuándo volverán los estudiantes a las aulas, sino que todavía nadie parece haber pensado en cómo se desarrollarán las actividades y si ello implica modificar los salones y áreas comunes. No existe claridad, por ejemplo, si continuarán las clases de deportes o si volveremos a ver a niños que juegan con sus amigos en un recreo ¿Está la SEP lista para todo el trabajo por venir?
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